Josep Guixà, materia, densidad, estructuración del cromatismo, figuración y abstracción

 

Indaga a través de la materia buscando la perspectiva que da el grosor. No la perspectiva entendida desde el punto de vista tradicional, sino su formulación literaria, el concepto que le concede rango intelectual y filosófico, es decir la figura teórica que define la densidad de la propia evidencia de la materia.

Si profundizamos en el fragmento, buscando la materia, encontramos una obra abstracta, que, serenamente, vislumbra el transcurrir de la plástica. Es como meditar, buscando la verdadera luz que es común a todo lo existente. No la luz exterior o la luz del intelecto, sino la luz que existe y que constatamos como un acerbo común a todo lo existente. Esa luz, que no es la del amor y tampoco está relacionada directamente con los sentimientos, equivale en la plástica a la capacidad de alcanzar la abstracción en la obra pictórica de Josep Guixà, hablando en términos simbólicos, naturalmente.

No se trata de aproximarse de forma automática a la luz de la materia abstracta, sino de entender cual es la pureza de la abstracción y trabajar en línea con la determinación adecuada para adentrarse en su esencia, aunque, formalmente, el creador catalán se interese por otras cuestiones conceptuales como la aproximación a una cierta idea de la realidad, empleando medios icónicos para expresarla, pero, a la vez, manteniendo en el tratamiento de la materia su concepción abstracta. Así, de esta manera, materia y forma, abstracción y realidad, la arquitectura de las casas antiguas y los fondos de calles históricas quedan reflejadas con elegancia, soltura, firmeza y determinación, sin que por ello tenga que hacer concesiones a una excesiva dedicación al detalle ni tampoco abusar de los parámetros que definen la abstracción.

Profundiza en la procelosidad de las simbiosis texturales, en la expresividad contenida en la propia esencia de la amalgama de materia que conforma paredes irreales, dentro de un entorno figurativo existente.

Muestra la dicotomía realismo-abstracción, que no es tal sino el resultado de una visión realmente intensa de la existencia, basada en expresar con armonía y coherencia la fuerza de lo emblemático que reside en saber distinguir las diferentes realidades, las descriptivas y las que no tienen una forma de descripción tradicional. El resultado es una nueva manera de ver la realidad, en su complejidad más evidente, en su entorno estructural más sincrético, en el aspecto de resaltar la fórmula más precisa y definidora de una concepción que se basa en la fenomenología de la visión del más allá de lo externo.

No hay visión superficial, tampoco deseos de ser complaciente, sino que prefiere destapar su dicotomía, a partir de la propia evidencia de la vida.

Para ser y estar con el entorno hay que  beber de sus fuentes originales. Es fundamental saber escuchar, inmiscuirse en los intersticios de la paradójica forma de existencia. Ser uno con la propia existencia y todo lo que nos rodea, sin cortapisas, sin tapujos, procurando ocupar el rango de observadores, de ver como se desgrana la realidad, sus diferentes velocidades, sus fórmulas y formas extrañas, paradojas, asimétricas o armoniosas de proceder. ¡Qué más da! Aquí lo básico es ser consecuente con uno mismo, saber ver, adoptar una actitud contemplativa, para que todo lo que nos rodea nos entre poco a poco por los poros de nuestra piel.

No hay fenomenología extraña, sino capacidad de ser consecuente con las imágenes de lo real. Para ir más allá de la física, para avanzar en el camino de la espiritualidad, primero tenemos que conocer la realidad que nos envuelve, porque sino los fenómenos desconocidos nos pueden poseer y no a la inversa. Esto es lo que le pasa a la obra de Josep Guixà, dado que se nutre del entorno, de los materiales, formas y colores de las zonas que pinta, de la verdadera visión que la retina de sus ojos capta, de los detalles, de la arquitectura, siendo consecuente con ello, luego expresa lo que hay, y siempre obtiene un mismo resultado: muestra aquello que va más allá de la propia realidad, pero sin abandonar jamás los límites de la misma.

 

Joan Lluís Montané.

De la Asociación Internacional de Críticos de Arte